jueves, 30 de noviembre de 2023





 

Un nuevo nombre

 “Al que venciere, le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe” (Ap. 2:17).

Shakespeare Escribió: “¿Qué hay en un nombre? Una rosa con otro nombre olería igualmente dulce”. Pero no era judío. En la mentalidad judía el nombre describe a la persona. Todos los nombres hebreos tienen un significado. Jesús significa “Dios salva” y nos dice quién es y qué hace. Cuando él conoció a Pedro le dio un nuevo nombre: “Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Juan 1:42). El encuentro con Jesús nos cambia. Ya no somos los mismos, y para hacerlo constar, el Señor le dio a Pedro un nuevo nombre. Por la obra del Espíritu Santo, el viejo Simón iba a llegar a ser el nuevo Pedro, una piedra viva (1 Pedro 2:5), no el fundamento de la iglesia, como dicen algunos, sino parte de él: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo” (Ef. 2:20).

            Cuando Jacob tuvo un encuentro con Dios que cambió su vida, Dios cambió su nombre: “Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido, y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Israel significa: “El que lucha con Dios”; Peniel significa: “El rostro de Dios”). (Gen. 32:27-30). Consiguió la bendición de Dios por la muerte de su viejo hombre. Ahora era Israel, el nuevo Israel, padre de los verdaderamente librados. ¿Cuál es el viejo nombre que te describe? ¿Sra. Presumida? ¿Doña Quejica? ¿Sr. Razón? ¿Dos Caras? ¿Srta. Impaciente? ¿Doña Ocupada? ¿El Sr. No Me Molestes?  A mi hermana la llamábamos: “La Reina Abeja”, porque todo tendía que centrarse en ella. ¿Cuál es el nombre que describe tu vieja naturaleza?

            El Señor Llamó a Juan y Jacobo “Hijos del Trueno”. ¡Qué fuerte! Se ve que tenían un carácter que resonaba, chocaba y hacía temblar. Qué contraste con el nuevo nombre que usó Juan para describirse a sí mismo: “El discípulo a quien Jesús amaba”. (Juan 13:23). Así Juan se describía. Le llenaba de asombro pensar que Jesús le amaba a él. Se sentía amado por el Señor. Y en esta relación de amor encontró su identidad. Juan, ¿quién eres? Soy el que Jesús ama. El enfoque ya no está en él, sino en Cristo. Para siempre se contará la historia de la mujer que lavó los pies de Jesús con perfume. Esta es su identidad. Nadie más hizo el despilfarro de amor que hizo ella.

Cuando estemos con el Señor en su reino, habiendo superado todas las penas de esta vida y vencido todas la tentaciones que el enemigo nos ha confabulado, el Señor nos dará un nuevo nombre que describe la relación de amor que hemos forjado con Él en medio de todo aquello, porque es gracias a las pruebas y dificultades que hemos llegado a ser lo que somos, al ir luchando con Dios en medio de todas ellas, siendo quebrantadas y cambiadas por su toque divino. Nos sorprenderá el nombre. Será conforme a lo que hemos llegado a ir conociéndole. Nadie más lo conocerá, porque no es para fardar, sino para atesorar. Solo la eternidad bastará para disfrutar de esta relación preciosa, íntima y exclusiva que hemos conseguido con el Señor.


miércoles, 29 de noviembre de 2023





 

Lo que significa la vida de Cristo para ti

 “Mas por él estéis vosotros en Cristo Jesús el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor. 1:30).

            Hay creyentes que aman al Señor con todo su corazón, pero viven angustiados por fallos que ha cometido en el pasado. Piensan que debido a ciertas cosas que han hecho que han tenido repercusiones permanentes en su vida, Dios nunca puede estar satisfecho con ellos, y que nunca pueden estar en la voluntad de Dios, que ésta la han perdido para siempre sin ninguna posibilidad de recuperarla, porque no pueden volver atrás y deshacer lo que ya está hecho.

            Vamos a poner unos ejemplos: Te has casado con un no creyente, o con la persona equivocada, en contra del consejo de todos. Has abortado. Te metiste en la droga y estropeaste tu salud. Has ido a vivir a un país cuando Dios quería que estuvieses en otro y ya no puedes salir. Has tenido un hijo fuera del matrimonio. Tomaste una decisión equivocada que ha marcado el curso de tu vida. O pon el ejemplo que quieres. Ninguna de estas cosas tiene vuelta atrás. ¿Entonces qué? ¿Vas a estar fuera de la voluntad de Dios toda tu vida? ¿Te has descalificado para servir a Dios? ¿Piensas que Dios no puede usarte en sus propósitos y no hay forma de complacerle ahora? ¿Crees que eres indigna para ser su hija? Esto es muy angustiante. Es vivir sin paz, sin sentirte amada por Dios, siempre condenándote. Vives siempre en el dolor del pasado y en el fracaso presente. Es sentirte inútil y mal. Muy mal. Alejada de Dios, sin posibilidad de volver.

            Hay uno que quiere que te sientas así: el enemigo. El diablo es el engañador (Ap. 12:9) con sus mentiras. Es el acusador de los hermanos (Ap. 12:10). Con estas mentiras y acusaciones te tiene neutralizado para Dios. Estas en una cárcel sin salida. Esto es lo que le interesa para que no seas un creyente activa, gozosa y fructífera. Así no le estorbas. Te tiene donde te quiere y no podrás salir de allí hasta que no hayas entendido dos cosas: lo que significa el perdón de tus pecados, y el valor de la vida perfecta de Jesús. Jesús es nuestro Sustituto en las dos cosas, tanto en su vida perfecto, como en su muerte en nuestro lugar. Es como si tú y Jesús vais andando hacia la cruz. Antes de ser clavado en ella, se quita su túnica blanca y te la cambia por la tuya negra. Con tu túnica negra puesta sube a la cruz y muere, pagando por ti, y tú te quedas con su ropa blanca puesta.  Te regaló el mérito de su vida perfecta, su justicia.

Él es nuestra justicia. Él cumplió la ley por nosotros. Él agradó a Dios en nuestro lugar. Dios te mira a ti como si hubieses vivido la perfecta vida de Jesús; su perfecta vida es la tuya. “Aparte de la ley se ha manifestada la justicia de  Dios por medio de la fe en Jesucristo” (Rom. 3:21, 22). “Dios atribuye justicia sin obras” (Rom. 4:6). La sangre de Jesucristo te limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Te deja limpia, como si nunca hubieses hecho nada malo, pero nada bueno tampoco. Entonces entra la justicia de Cristo. Dios te otorga el mérito de su vida perfecta. Ahora, además de estar limpia, estás llena de buenos frutos: “Por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida… por la obediencia de uno, los muchos serán constituido justos” (Rom. 5:18, 19). Dios quita el fruto malo de tu cesta y la llena de fruto bueno.

Enviado por el Hno. Mario Caballero

martes, 28 de noviembre de 2023



 

Lo que significa el perdón

 “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial: mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mat. 6:14, 15).

            El perdón significa que no vas a buscar venganza; no vas a guardar rencor en tu corazón; no vas a odiar, y no vas a juzgar y condenar al ofensor. Cuando perdonas una deuda, la persona ya no te debe nada; no vas a cobrar por lo que te han hecho. “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está; Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19). Perdonar es dejar el asunto en manos de Dios para que Él haga justicia, y lo hará porque es Dios justo. Perdonar quita el veneno de tu cuerpo para que la ofensa no siga haciéndote daño. Te da paz, porque sabes que ¡Dios pagará al otro lo que le debe! Al final habrá justicia. Mientras tanto, tú puedes recuperarte, libre de todas las emociones negativas que te trastornaban. Lo tuyo es: “Si te enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. Y Jehová te lo pagará” (Rom. 12:20 y Prov. 25:21, 22). Dios está contento con esta actitud en un hijo suyo y lo recompensa.

            Habiendo hablado de lo que el perdón significa, ahora vamos a hablar de lo que no significa. No significa que: “Aquí no ha pasado nada; borrón y cuenta nueva”. Si que ha pasado algo, y algo gordo. Todavía consta, pero ahora no te toca a ti vengarte. Nuestro perdón no es el perdón de Dios. No quita el pecado. Lo deja en manos de Dios.

Tampoco significa que olvides lo ocurrido. ¡Tu memoria no deja de funcionar! Te acuerdas, pero no con el mismo dolor o las mismas emociones. Al recordarlo, no te hace el terrible daño que antes te hacía.

No significa que no te protejas. Si ha ocurrido un crimen, todavía tendrás que denunciarlo. Si has sufrido malos tratos, no vas a tratar al maltratador como si no lo fuese. No vas a confiar en él. Le evitas. No le vas a dar más oportunidades para agredirte. Si una amiga te ha traicionada la confianza, la perdonas, ¡pero no le vas a contar tus secretos! Si un pedófilo ha hecho daño a un niño, no le vas a poner como maestro de la escuela dominical. Si un hombre casado tiene demasiada amistad con una mujer de la congregación, no significa que lo perdones sin prohibir que estén juntos a solas, y no permitirás que sigan colaborando juntos en el ministerio de la iglesia. A un ladrón no le vas a dar trabajo en un banco. Si uno es maleducado, no le pondrás en la puerta para saludar a los que vienen. Si un pastor ha demostrado que realmente no ama la congregación, si no la atiende, si no hace visitas, si no se preocupa por los que sufren, si no corrige a los que van por mal camino, no le vas a dar una segunda oportunidad. Sencillamente, no es su llamado. Si un anciano no atiende bien a su familia, no es cuestión de perdonar y decir: “Todos somos humanos”. Claro que lo perdonas, pero hacen falta muchos cambios antes de que pueda seguir en su ministerio, y estos requieren tiempo. Si la persona perdonada no reconoce su pecado, tiene que haber serias consecuencias. ¡El amor y la misericordia no significan que perdemos el uso de la razón! Puedes perdonar a la que cuida de tus hijos su negligencia, pero no la dejarás seguir trabajando para ti. Después de perdonar, necesitamos sabiduría para saber cómo tratar a la persona, y ella tendrá que demostrar durante un largo periodo de tiempo que realmente se ha arrepentido y que ha cambiado, para poder volver a confiar en ella. 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

lunes, 27 de noviembre de 2023

Los talentos en el discípulado

 Ya puedes escuchar este tema de estudio visitando el canal al seguir el enlace que aparece a continuación

https://www.ministeriotv.com/video/los-talentos-en-el-discipulado-26520





 

El dinero ¿da la felicidad?

 La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

Lucas 12:15

No os hagáis tesoros en la tierra… sino haceos tesoros en el cielo.

Mateo 6:19-20

“El dinero sirve para todo” (Eclesiastés 10:19), pero ganar más no garantiza la felicidad. Muchos economistas de renombre formularon esta pregunta: «¿Sería usted más feliz si fuese más rico?». El análisis de las respuestas es muy claro: para la gente rica el consumo de bienes materiales no aumenta la sensación de bienestar, sino todo lo contrario; sus actividades de diversión generan más bien tensiones y estrés.

Una conclusión así puede parecer sorprendente. En realidad el hombre es víctima de una ilusión: se alegra al pensar que tiene más dinero, pero éste no le da la felicidad. Hace mucho tiempo la Biblia dio este diagnóstico mediante la pluma de un rey sumamente rico: “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo…”. Pero, ¿qué balance hizo? “Todo era vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 2:10-11).

Entonces, ¿hacia dónde dirigirse? Hacia las verdaderas riquezas: la salvación del alma, la paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, la vida eterna, el amor de Dios. ¿Cómo adquirirlas? Dios las ofrece en la Biblia: “Me regocijo en tu palabra como el que haya muchos despojos” (Salmo 119:162).

Y con respecto a la vida presente, Jesús dijo a sus discípulos: “Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:32-33).

Enviado por el Hno. Mario Caballero

viernes, 24 de noviembre de 2023









 

La esperanza cristiana

 “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios” (Romanos 8:19).

Lectura: Romanos 8:19-25.

            No creemos el evangelio solamente porque es cierto, sino también por la esperanza futura que aporta: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Cor. 15:19). Tenemos una esperanza que se extiende mucho más allá de la tumba, al día glorioso cuando resucitaremos a una nueva creación de belleza que excede lo más espectacular que ofrece este mundo ahora. Compartimos esta esperanza maravillosa con las plantas y los animales, ríos y montañas. Todos esperamos ansiosos el día del Señor, cuando Cristo venga para restaurar todas las cosas a una hermosura que supera la original. ¡Aun Jerusalén tendrá un río en medio!, cosa que no conoce ahora: “Del río su corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de la moradas del Altísimo” (Salmo 46:4; Ap. 22:1, 2; Ez. 47:1-7). Los hombres estarán en paz y la naturaleza prosperará: “Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios le ayudará al clarear la mañana. Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio él su voz, se derritió la tierra” (Salmo 46:5, 6). Y hará una creación nueva. El Jardín de Edén es un pálido reflejo de la nueva creación de Dios: “El día del Señor vendrá… y los elementos ardiendo serán deshechos… pero nosotros esperamos cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:10-14). Nuestra esperanza es brillante. Indescriptible. Esperamos un mundo bellísimo, las naciones unidas en amor, la naturaleza preciosa y hermosa, y justicia perfecta bajo el gobierno de un Rey hermoso, amoroso y potente y absolutamente justo. ¡No hay ninguna religión que ofrece una esperanza mejor!

“¡El anhelo ardiente” de la creación es que Cristo venga! Nosotros esperamos, la naturaleza y toda la creación espera; gemimos con ella. Anhelamos este día en que “la creación será librada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloria de los hijos de Dios” (8:21). Vemos corrupción y desintegración por todas partes, gemimos y recordamos la promesa de Dios y tenemos esperanza. Vemos enfermedad y muerte y gemimos. Vemos odio y matanza, y gemimos: “Toda la creación gime a una… y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo; porque en esperanza fuimos salvos” (8:22-24). Hemos recibido el perdón de nuestros pecados, paz con Dios, y una nueva vida, pero esperamos mucho más. Tenemos el Espíritu Santo como comprobante de que un día todo lo que esperamos será hecho realidad. “La esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?” (8:24). Obviamente. “Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” (v. 25). ¡Gemimos con paciencia! Abrimos la televisión. Vemos imágenes horribles. Gemimos y esperamos. Vivimos en la realidad de dolor, sequía, injusticia, guerra, terrorismo y muerte. Oramos (8:26), y clamamos a Dios para que todo esto acabe y Cristo vuelva para establecer su reino de justicia y paz. Preguntamos con los discípulos: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6), y Él responde: “No os toca saber los tiempos, pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros, y me seréis testigos hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:7-8). Y habiéndolo dicho, se fue. Esperamos que vuelva. Pero mientras tanto tenemos que orar y llevar el evangelio a un mundo que gime. 

jueves, 23 de noviembre de 2023












 

Bendecido Acción de Gracias

 Te hemos preparado una tarjeta del día de Acción de Gracias que puedes ver visitando el Canal, te esperamos

      https://www.ministeriotv.com/video/bendecido-accin-de-gracias-26514


La bendición de la gratitud

 Colosenses 2.6-7


Llevar nuestras peticiones a Dios en oración es solo un aspecto de nuestra comunicación con Él. Otra parte de la oración es la acción de gracias (Fil 4.6).

El Padre celestial quiere que la vida de sus hijos se caracterice por ser agradecidos. Su Palabra nos dice que el agradecimiento debe ser evidente en nuestra adoración (Sal 95.2–7; Col 3.16), en nuestras ofrendas (2 Co 9.12), en nuestras relaciones (Fil 1.1–3) y en la manera en que enfrentamos las batallas espirituales (1 Co 15.55–57). En otras palabras, la gratitud debe impregnar todo lo que hagamos (Ro 14.6).

En la Biblia, el Señor nos exhorta a ser agradecidos, ya que sabe cómo dar gracias influye en nuestro corazón. Expresar el agradecimiento a Dios nos ayuda a…

Estar conscientes de su presencia.

Enfocarnos en Él y dejar nuestro orgullo.

Buscar su propósito en situaciones difíciles.

Recordar su bondad.

Depender de Él continuamente.

Sustituir la ansiedad por la paz y el gozo.

Si bien, ser agradecidos en los momentos felices y en los difíciles hará que nuestra vida sea más gratificante y llena de propósito, también hará que el nombre de Dios sea glorificado.

Por Min. En Contacto

miércoles, 22 de noviembre de 2023





 

El justo por su fe vivirá

 Habacuc 2.4–20 (especialmente vs. 4, 14 y 20)


La síntesis del pasaje que va desde el verso 4 hasta el final del capítulo, es que los caldeos, a quienes Dios utilizaría como instrumentos para castigar a Israel, serían también castigados y finalmente derrotados. Dios los estaba utilizando temporalmente, pero su fin estaba sellado. Dios iba a humillar el orgullo de los caldeos y aplicarles un terrible castigo. Los detalles ofrecidos en este pasaje describen la arrogancia y bajeza de ese pueblo con tal exactitud que la misma historia secular puede confirmarlo. Para entender la enseñanza debemos subrayar ciertos principios que claramente aparecen en este pasaje.

Dos posibles estilos de vida: el de la razón y el de la fe

El verso 4 dice: «Mas el justo por su fe vivirá». Recordemos que esta importante declaración se cita varias veces en el Nuevo Testamento. Los eruditos discrepan respecto a la traducción exacta de la primera parte del versículo. Puede ser traducido: «Aquel cuya alma se levante (o enorgullece), no es recto» o también como se cita en Hebreos 10.38, donde se indica que Dios no se agrada de aquel cuya alma se retrae, o retrocede (comparar Versión Moderna y V.H-A.). La verdad que declara este versículo es que solo hay dos posibles actitudes hacia la vida en este mundo: de fe y de incredulidad. O conducimos nuestra vida con fe en Dios, y las conclusiones que surgen naturalmente de esa actitud, o nuestro enfoque estará basado en un rechazo de Dios y las negaciones que se derivan de esa decisión. Podemos «retraernos» del camino de la fe en Dios, o por el contrario podemos vivir por fe en Dios. Los mismos términos utilizados sugieren una correspondencia con los dos caminos posibles. Lo que el hombre cree determina la conducta de su vida. El justo, el recto, vivirá por la fe, o dicho de otra manera, el hombre que vive por fe, es un hombre justo. Por la otra parte, el hombre que «se retira» es injusto porque no vive por fe. Aquí nos confrontamos con las dos únicas opciones de la vida, y todos nosotros estamos en una u otra. No importa cuáles sean mis ideas políticas o filosóficas, estas tendrán irremediablemente este común denominador: mi vida está fundada en fe, o no lo está. Si no lo está poco importa cuáles sean mis convicciones, o cuáles mis posiciones políticas, sociales, económicas. Lo que realmente interesa es saber si acepto la regla impuesta por Dios o no. Los famosos capítulos 10, 11 y 12 de la carta a los Hebreos exponen e ilustran esta verdad.

Cuando miramos al mundo de hoy y examinamos el curso futuro de la historia, se presentan dos posibilidades delante de cada uno de nosotros. Podemos observar y meditar sobre lo que vemos y luego, después de leer lo que los expertos políticos y militares, estadistas y demás autoridades opinan, podemos finalmente recurrir a los libros de historia. Como resultado de todo el estudio podremos procurar llegar a conclusiones, y formarnos una opinión propia. Sin duda, este es uno de los motivos por los cuales todos leemos los periódicos. Decimos: Este hombre es un experto; ¿qué opina acerca de este tema? Hubo expertos que dijeron que no habría guerra en 1939. Afirmaban haber estudiado meticulosamente todas las posibilidades, y en su opinión era imposible que Hitler iniciara una guerra. Muchas personas aceptaron esta opinión e hicieron planes y proyectos. Se gobernaban por sus propias opiniones y deducciones, por la aplicación del sentido común y la sabiduría del mundo, o por la perspicacia de ciertos pronosticadores.

Sin embargo, la Biblia claramente nos enseña otra manera de mirar los acontecimientos. Esta enseñanza no se basa en conclusiones derivadas de cuidadosos cálculos del poderío militar que pueda tener una nación. Tampoco se centra en si ha llegado el momento para que tal nación inicie un ataque. ¡La Biblia sólo afirma con sencillez que cierto acontecimiento tomará lugar! No da razones, sólo dice que ha de ocurrir porque Dios así lo ha dicho. Tal es el caso que consideramos tocante a los caldeos. No se ofrecen argumentos ni existe un cuidadoso análisis del poderío de las fuerzas rivales, sino solamente la sencilla declaración de Dios al profeta. El profeta cree esta declaración, y actúa de conformidad a ella.

La inevitable necesidad de elegir entre estas dos alternativas

La vida de cada uno de nosotros se basa en una de estas dos actitudes. O adoptamos la sencilla Palabra de Dios y vivimos de acuerdo a ella, o no la adoptamos. Si protestamos contra la idea de que los profetas pueden predecir el futuro. O si decimos que los milagros y el creer en lo sobrenatural son ridículos en un mundo científico y sofisticado como el actual, solo estaremos retrayéndonos del camino piadoso de la vida. El camino bíblico es un vivir por fe. «El justo por su fe vivirá». Fe significa adoptar la Palabra de Dios y actuar de acuerdo a ella sencillamente porque es la Palabra de Dios. Significa creer en lo que Dios ha dicho precisamente porque él lo ha dicho. Aquellos héroes de la fe listados en Hebreos 11 creyeron la Palabra de Dios sencillamente porque Dios había hablado. No tenían otra razón. Por ejemplo, ¿por qué tomó Abraham a Isaac su hijo y subió al monte Moriah? ¿Por qué estuvo a punto de sacrificarlo? Sencillamente porque Dios le había dicho que lo hiciera.

No obstante, vivir por fe significa mucho más que eso. Significa construir toda nuestra vida sobre la fe en Dios. El secreto de todos aquellos personajes del Antiguo Testamento, es que vivieron «como viendo al invisible» (He 11.27). Prefirieron, igual que Moisés, «ser maltratados con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado» (He 11.25). Por una parte, en la corte de Egipto había sabiduría humana. Por la otra, la sencilla Palabra de Dios que le había revelado a Moisés sus propósitos para el pueblo a quien pertenecía, y el destino para el cual los estaba preparando. Para esa época eran esclavos y eran cruelmente maltratados. Moisés sólo tenía la Palabra de Dios para apoyarse. Sin embargo, desechó la corte del Faraón, y le dio la espalda al futuro promisorio que le ofrecía. Moisés salió, como Abraham, y abandonó su propia patria. Salió «como viendo al invisible». «El justo por su fe vivirá». Estos hombres arriesgaron todo apoyados en la Palabra de Dios. Estaban dispuestos a sufrir por ello y, si fuere necesario, aceptar la pérdida de todo. Muchos de los primeros cristianos enfrentaron la misma alternativa . Tuvieron que enfrentar terribles situaciones. Se les obligaba a decir: César es el Señor, y ellos respondían: No podemos decirlo porque sabemos que no es la verdad; ¡solo hay un Señor, y es el Señor Jesucristo! Las autoridades insistían: Si no dicen que César es el Señor, serán arrojados a los leones. Sin embargo, se rehusaron a hacerlo. ¿Sobre qué base? ¡Sobre la base única de la Palabra de Dios! Creían que cierta Persona había venido a este mundo con gran pobreza en Belén, que había trabajado como carpintero y que luego había muerto en una cruz. También creían que era el Señor de gloria, y que había resucitado de los muertos. En virtud de ello, declaraban que jamás reconocerían a César como el Señor. Lo arriesgaron todo. Murieron por su fe y en la fe.

Esta es nuestra posición como cristianos hoy. La alternativa nos presiona cada vez con más fuerza. ¿Hay todavía personas lo suficientemente insensatas para apoyarse en este mundo y lo que puede ofrecer? ¿Cuál es el principio que controla nuestras vidas? ¿Es el principio de los cálculos? ¿Es la sabiduría del mundo, con un análisis astuto y equilibrado de la historia y del conocimiento humano? ¿O es la Palabra de Dios que nos advierte que esta vida y este mundo solo son transitorios y que ambos son una preparación para el mundo futuro? No nos dice que demos la espalda totalmente al mundo, pero sí insiste en que tengamos un correcto enfoque del mismo. Declara enfáticamente que lo más importante es el reino de Dios. Debemos hacernos, en la presencia de Dios, esta sencilla pregunta: ¿Está mi vida basada en el principio de la fe? ¿Estoy sometiendo mi vida al hecho de que lo que leo en la Biblia es la Palabra de Dios y es verdadero? ¿Estoy dispuesto a arriesgarlo todo, incluso mi vida, basado en este hecho? «Mas el justo por su fe vivirá».

La absoluta certidumbre de la destrucción del mal y el triunfo de Dios

Los cinco «ayes» registrados en este capítulo no solo se aplican a los caldeos sino deben considerarse como un principio universal en la historia. Todo lo que sea malo está bajo el juicio de Dios. A pesar de que los caldeos iban a prosperar por un tiempo, el límite de su éxito ya estaba fijado. El impío podrá triunfar por un tiempo, podrá «extenderse como laurel verde» (Sal 37.35), pero no permanecerá. Su sentencia ya está sellada. Lo que produce perplejidad al pueblo de Dios es, ¿por qué Dios lo permite? Lo hace para llevar adelante sus propósitos, para que el mundo tropiece bajo estos poderes del mal, antes que él demuestre repentinamente su poder y manifieste su propia soberanía. El principio al cual nos debemos aferrar es que Dios está sobre todo. «El camino de los transgresores es duro» (Pr 13.15), ya sean individuos, naciones, o el mundo entero. El hombre del mundo podrá hacerse de una fortuna gracias a prácticas impías en su negocio, y así triunfar. ¡Pero miremos el fin de los impíos! ¡Mirémoslo en el lecho de la muerte; mirémoslo enterrado en la tumba, y pensemos en la agonía de su destino eterno! Deberíamos sentir lástima por los impíos que son lo suficientemente insensatos como para embriagarse con su éxito temporal. Su fin ya está sellado.

Lo mismo ocurre con las naciones. Leemos en los libros de historia secular acerca de los imperios impíos que han surgido y cómo parecían tener a todo el mundo bajo sus pies: Egipto, Babilonia, Grecia, Roma. Recordemos su fin. Durante la era cristiana ha ocurrido lo mismo. Hubo un tiempo cuando parecía que Turquía iba a doblegar a todo el mundo pero finalmente cayó. Nación tras nación se ha levantado para luego caer. Llegó el momento en que la calamidad pronunciada por Dios entró en vigencia. Nosotros mismos hemos vivido en un periodo en que hemos visto este principio en acción. No importa qué es lo que está ocurriendo en el mundo de hoy, el mismo principio sigue operando. Los ayes se pronuncian sobre los caminos de todos los que se oponen a Dios. Están condenados. Podrán tener gran prosperidad temporal, y debemos así esperarlo. Podrán cabalgar por el universo, pero así como surge su estrella, también se ha de apagar. El ay, el juicio, la condena de Dios sobre el impío, es irrevocable.

Volvamos ahora al aspecto positivo de esta verdad (v. 14), leemos: «Porque la tierra está llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar». No corresponde a ninguno de nosotros intentar predecir lo que va a ocurrir en detalle, pero podemos estar seguros de este gran hecho, que es, la victoria final de Dios. Sí, los paganos podrán rabiar, y los pueblos imaginar cosas vanas. «Pero yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte» (Sal 2.6). Los enemigos de Dios y su pueblo podrán amotinarse, y todas las apariencias podrán señalar hacia la exterminación de la Iglesia cristiana. Sin embargo, viene el día cuando «en el nombre de Jesús» se doblará «toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil 2.10,11). Con toda certeza, la tierra será llena de la gloria de Dios. El maligno será derrotado y arrojado al lago de fuego; todo lo que se opone a Dios, será destruido y habrá «cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia» (2 Pe 3.13). La ciudad de Dios descenderá y los justos entrarán en ella. Todo lo impuro quedará fuera, y Dios será el todo en todos. El triunfo final de Dios es seguro.

¿Cuál es entonces nuestra conclusión final, a la luz de todo lo que hemos considerado? «¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿La estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra?» (v. 18). ¡Dios nos guarde de confiar o encomendarnos a cualquier poder que no sea Dios mismo, o a cualquier ídolo que los hombres puedan levantar! «Ay del que dice al palo: Despiértate, y a la piedra muda: ¡Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí está cubierto de oro y plata, y no hay espíritu dentro de él» (v. 19). ¡No pongas tu confianza en absolutamente nada que sea del hombre! ¡Sólo confía en Dios!

«Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra» (v. 20). No solo los paganos deben callar y guardar silencio, sino también los cristianos. No debe haber ninguna duda, inquisición o incertidumbre acerca de la bondad, la santidad y el poder de Dios. No debemos preguntar con tono de queja, ¿por qué permitió Dios que esto sucediera?, tampoco, ¿por qué hace Dios tal cosa? Considera la palabra que Dios le dio al profeta. Mira a Dios. Mira a lo absoluto y final. Tapemos con la mano nuestra boca que está tan pronta a hablar con insensatez. Tomemos conciencia que él está en el templo del universo, Dios sobre todo. Humillémonos silenciosamente e inclinémonos delante de él para adorarle. Magnifiquemos su gracia, su poder, su bondad, y esperémosle a él con paz y calma en el corazón.


Por Martyn Lloyd-Jones 

Enviado por el Hno. Mario Caballero

martes, 21 de noviembre de 2023





 

Un tiempo de ser refrescados

 La Palabra de Dios está llena de historias de grandes hombres de Dios que llegaron al final de su camino y se quedaron sin fuerzas. Yo predico un mensaje titulado «La hechura de un hombre de Dios», en el que hablo de tres cosas que Jesús enfrentó en el huerto de Getsemaní: Una copa de dolor, una hora de confusión y una noche de soledad. Todos los hombres y mujeres de Dios lo han atravesado.


Tal vez tu sufrimiento presente ha sido causado por ti mismo. ¿Cuántas esposas sufren ahora porque se casaron con un hombre, con quien Dios les advirtió que no se casaran? ¿Cuántos chicos están rompiendo el corazón de sus padres, llevándolos al límite de su fuerza? Muchos están irremediablemente afectados por el SIDA y otras enfermedades, a causa de sus pecados del pasado. Pero ahora es el momento de salir lo que causó tus problemas, para avanzar hacia el quebrantamiento, el arrepentimiento y la fe. ¡Es hora de recibir una nueva infusión de la fuerza del Espíritu Santo!


Si tu corazón siente un dolor santo y amas a Dios, es posible que te sientas mal, ¡pero Él no te va a abandonar! Mientras David caminaba por fe en arrepentimiento, dijo, «Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas. Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros. En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; Escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino; quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas; quien adiestra mis manos para la batalla, para entesar con mis brazos el arco de bronce. Me diste asimismo el escudo de tu salvación; tu diestra me sustentó, y tu benignidad me ha engrandecido. Ensanchaste mis pasos debajo de mí, y mis pies no han resbalado…Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea; has humillado a mis enemigos debajo de mí» (Salmo 18:28-36,39).


Dios promete fuerza para Su ungido: «Bendito sea Jehová, que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré. Jehová es la fortaleza de su pueblo, y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréales y susténtales para siempre» (Salmo 28:6-9).


Si clamas a Él, se derramará sobre ti su fuerza: «El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma…Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra» (Salmo 138:3,7).


Por David Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero


lunes, 20 de noviembre de 2023







 

Nuevo tema

 Ya puedes escuchar el nuevo tema visitando el enlace hacia el Canal que aparece a continuación

https://www.ministeriotv.com/video/los-labradores-y-la-muerte-del-heredero-26511


Qué enseña la Biblia sobre la elección

 La elección es el acto donde Dios por el cual en la eternidad pasada El escogió aquellos que serían salvos. La elección es incondicional, porque no depende en cualquier cosa que este fuera de Dios, como obras buenas o fe prevista (Romanos 9:16). La Biblia enseña sobre esta doctrina repetidamente, y también exigida por nuestro conocimiento de Dios. Para empezar, veamos la evidencia Bíblica.


La Biblia dice que antes de la salvación, todas las personas están muertas en pecado—muertos espiritualmente (Efesios 2:1-3). En este estado de muerte, el pecador esta totalmente incapacitado para responder a cualquier estimulo espiritual y consecuentemente esta incapacitado para amar a Dios, obedecerlo, o agradarlo en cualquier manera. La Escritura dice que la mente de cada creyente “es enemiga de Dios porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo; y los que están en la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:7-8 énfasis agregado). Esto describe un estado de desesperanza total: la muerte espiritual.


El efecto que tiene todo esto es que ningún pecador puede hacer la primera movida en el proceso de la salvación. Esto es lo que quiso decir Jesús en Juan 6:44, cuando dijo, “Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió.”


Esta es la razón que la Biblia también le pone énfasis repetidamente que la salvación es una obra totalmente de Dios. En Hechos 13:48 leemos, Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban ordenado a vida eterna.”

viernes, 17 de noviembre de 2023







 

Una iglesia mundana

 “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mat. 5:13).


Una iglesia mundana es una que refleja el espíritu y la mentalidad del mundo, de la sociedad actual. Funciona como una empresa, tiene un liderazgo que utiliza a la gente para promocionar sus metas financieras, numéricas, políticas, sociales o personales, tal como la adquisición de poder o control, o el reconocimiento y el prestigio.


Sus miembros son más o menos como la gente del mundo. Tienen los mismos valores, caen en los mismos pecados, tienen el mismo estilo de vida, crían a sus hijos en la misma manera, tiene la misma vida sexual y las mismas diversiones y los mismos entretenimientos. Tienen una vida muy física. La única diferencia entre ellos y sus vecinos es que van a la iglesia algunos domingos por la mañana.


¿Cómo cambias una iglesia así para hacerla una iglesia real, viva? Por medio de la voz profética llamando a la gente a volver a la Palabra de Dios, a dejar la idolatría de su vida mundana, a dejar toda inmoralidad, materialismo, búsqueda de placer, y egoísta satisfacción de deseos físicos, para humillarse delante de Dios y buscarle de todo corazón con la determinación de obedecer su Palabra y buscar su Consejo y hacer su Voluntad como vienen revelados en su Palabra. Es el antiguo mensaje de quitar de en medio los ídolos para servir a Dios: “Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: a Jehová nuestro Dios serviremos, a su voz obedeceremos” (Josué 24: 23, 24). Es lo que hicieron los de Tesalónica cuando oyeron el evangelio: “Os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, y Jesús, quien nos libra de la ira venidero” (1 Tes. 1:9, 10). Es amar a Jesús y vivir para Él.


¿Y qué dicen los falsos profetas? Sois todos cristianos, todos sois salvos. Sois amados y aceptados por Dios. Jesús murió por vosotros, y todo lo que tenéis que hacer es creerlo e iréis al cielo, no importa cómo vives, porque, a fin de cuentas, todos somos pecadores y no hay nadie perfecto, así que no os preocupéis por vuestro pecado, ni juzguéis a otros que viven en pecado. De hecho, ni siquiera necesitamos hablar del pecado. ¡Vamos a celebrar a Jesús y alabarle y disfrutar del culto!


¿Y cuál es el resultado? Una iglesia que es exactamente como el mundo. ¿Cuál es el resultado de obedecer la voz profética? Una iglesia que encarna la Palabra de Dios, que vive de acuerdo con ella: los creyentes viven una vida práctica de santidad. Su iglesia es una luz en un mundo oscuro alumbrando el camino a la Cruz, a Jesús, al Camino de la verdadera salvación, y a la casa del Padre.


Enviado por el Hno. Mario Caballero

jueves, 16 de noviembre de 2023







 

Cinco ministerios del Espíritu Santo

 “No andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:4).

            Desde que tenemos el Espíritu Santo, nuestra vida ha cambiado. Aquí van enumerados algunos de sus ministerios en beneficio nuestro: 

El Espíritu Santo nos imparte vida. Capacita al creyente a tratar las obras de la carne como muertas, sin tener más poder en su vida: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (Rom. 8:9). El creyente vive en el Espíritu, no en la carne. Está en Cristo, pertenece a su cuerpo, está unido con los demás creyentes en la comunión del Espíritu (Fil. 2:1), y en la unidad del Espíritu (Ef. 4:3).

El Espíritu da nos libertad. Nos hace libres: “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Cor. 3:17). Libera de la ley: “Ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Rom. 7:6). Libera del pecado: “Habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios”  (Rom. 6:18, 22).

El Espíritu nos hace nacer de nuevo para ser hijos de Dios. Por su poder hemos sido hechos hijos de Dios: “A todos los que le recibieron… les dio potestad para ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom. 8:14). Por el Espíritu llamamos a Dios “Padre”: “Habéis recibido el Espíritu de adopción, en el cual clamamos: ¡Abba Padre!” (Rom. 8:15).

El Espíritu Intercede por nosotros. Dirige nuestra vida de oración: “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Rom. 8:26).  

El Espíritu nos santifica. Mientras vivimos, la carne siempre estará en guerra contra el Espíritu. Los creyentes que se someten al Espíritu no están controlados por la carne. El Espíritu nos da la victoria sobre las obras de la carne: “Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Rom. 8: 13).

El Espíritu en nosotros ahora es el anticipo y la garantía de nuestro futuro con el Señor. El Espíritu nos da el poder de Cristo para vivir la vida cristiana. La vida en el Espíritu ahora es un anticipo de la gloria que pronto será revelada. Su vida de resurrección en nosotros es la garantía de que un día resucitaremos. Él nos da vida eterna ahora: “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Rom. 6:23); después tendremos la redención de nuestros cuerpos mortales (Rom. 8:23). La liberación de la esclavitud que hemos empezado a experimentar ahora, la tendremos en plenitud entonces. Ahora “tenemos las primicias del Espíritu” (Rom. 8:23); después tendremos en plenitud todos sus beneficios. Cuánto más vivimos en el Espíritu, más experimentamos la vida que será nuestra cuando el Señor Jesús vuelva a por sus amados.   

Enviado por el Hno. Mario Caballero

miércoles, 15 de noviembre de 2023







 

Cuando las oraciones parecen no ser contestadas

 Echa un vistazo a la profunda agonía de un hombre muy santo de la Biblia y ve si puedes averiguar quién está hablando “Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo. Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz…Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas; Aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración… Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová” (Lamentaciones 3:1-2, 7-8, 18).


¿Quién era este hombre que perdió la esperanza, que dijo que Dios había cerrado sus oídos a sus oraciones? Es nada menos que el profeta Jeremías. “Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra” (Lamentaciones 3:44). Pero también podríamos ser tú o yo durante alguna crisis en nuestras vidas, cuando parece que Dios ha cerrado los cielos. ¿Lloras con Jeremías diciendo: “Yo soy el que ha visto problemas, estoy en una situación de la que parece que no puedo salir”?


¡No creas que Jeremías continuó en la desesperación! Al igual que David, llegó a un lugar de esperanza y victoria. Recordó que su Dios estaba lleno de compasión y tiernas misericordias: “Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová…Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias” (Lamentaciones 3:21-26,31-32)


El salmista David dijo: “Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración.” (Salmos 6:8-9) Ha guardado cada lágrima, ha recibido cada clamor, ha escuchado con atención cada oración. Puedes estar seguro que si tienes que pasar por un horno caliente de aflicción, Él estará allí contigo. Dios tiene un propósito para todo lo que Él permite, y para cada prueba difícil Él da gracia especial.


Por David Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero

martes, 14 de noviembre de 2023







 

Que Él sea el todo para tí

 Hace años me paré frente al altar al lado de mi esposa, cuando oí a mi padre (quien era el ministro) pedir a Gwen: «¿Quieres que David sea tu esposo legítimo?». Intercambiamos votos, cada uno dijo: «Sí, acepto». Gwen me ha amado de mil maneras diferentes, pero nunca mejor, nunca más que cuando me dejó de ser el hombre de la casa. Tomó un tiempo antes de que ella se hiciera a un lado y me dejara hacer lo que el «marido» debía hacer, sobre todo porque yo no soy en realidad tan mecánico. Pero ella, con mucha táctica, aprendió a alentarme para cumplir este papel.


Dios pretendió que el esposo y su esposa reflejaran Su relación con nosotros, Su novia: «Porque tu marido es tu Hacedor» (Isaías 54:5). Somos «una esposa ataviada para su marido» (Apocalipsis 21: 2). Pero Jesús no es como un esposo terrenal. Cuando Él dice «Sí, acepto», ¡Él tiene toda la potestad y la gloria para verlo realizado! Tú puedes encontrar los votos de amor del Señor para con Sus amados, a lo largo de toda Su Palabra.


Nuestro amor por Él se apropia de ello, descansa en ello y deja que Jesús sea nuestro Dios. Estos son algunos de los votos que Dios les ha hecho a todos los que Le entregan su amor y lealtad:


«Yo llevaré, yo soportaré y guardaré» (Isaías 46:4). «¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz…? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti» (Isaías 49:15). «Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isaías 55:7). «Le sanaré, y le pastorearé» (Isaías 57:18). «Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído» (Isaías 65:24). «Porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré» (Hebreos 13:5).


Jesús es nuestra justicia, nuestra salud, nuestra liberación, nuestra roca de salvación, nuestro pan de cada día, nuestro consolador, nuestro proveedor, nuestro alto refugio, nuestra defensa, nuestra luz, nuestro gozo, nuestra paz: ¡Nuestro todo en el tiempo de la necesidad! Deja que Él sea tu Dios. No luches tratando de arreglar las cosas por ti mismo. ¡Demuéstrale que tú confiarás en Su poder!


Por David Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero

lunes, 13 de noviembre de 2023






 

Nuevo tema

 Nuevo tema de estudio que puedes escuchar al visitar el Canal, solo tienes que seguir el vínculo provisto a continuación, bendiciones

https://www.ministeriotv.com/video/autoridad-divina-y-reaccin-humana-26495

Una sola fe

 Buen inicio de semana:  Les comparto el enlace hacia el tema Una sola fe, que lo disfruten, para escuchar visiten el Canal, les esperamos

https://www.ministeriotv.com/video/una-sola-fe-26494


Dependencia total

 “Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes…tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella…Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios…no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas…y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen…y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre…y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (Deuteronomio 8:7-14,17).


El Señor está hablando aquí no sólo a Israel, sino a nosotros hoy. El propósito de su prueba en el desierto nunca estuvo en duda: «afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien» (Deuteronomio 8:16). Él tuvo que enseñar a Israel cómo manejar todas las bendiciones que estaba a punto de derramar sobre ellos. Y Dios nos probará de la misma manera que los probó a ellos.


Como puedes ver, a pesar de que los hijos de Israel fueron protegidos y librados por la sangre, guiados sobrenaturalmente y eran el objeto del amor de Dios y de Su poder para hacer milagros, a ellos les faltaba una cosa: ¡Ellos no eran dependientes de Dios!


La sangre puede cubrir tus pecados, pero no te hace dependiente de Él. Los milagros pueden librarte del poder de Satanás, pero no pueden hacer que dependas de Dios. Tú puedes ser guiado por Dios, y aun así no apoyarte completamente en el Señor.


Dios tiene que arrancar de todos nosotros, toda seguridad propia y destruir todo lo que queda de nuestra justicia propia, de nuestro orgullo y soberbia espiritual. Él debe (y él lo hace) humillar a todos aquellos que están destinados a heredar Sus grandes bendiciones espirituales.


Él tomará un Saulo de Tarso, confiado en sí mismo, lleno de justicia propia, consumido por el conocimiento de las Escrituras, lleno de celo divino, dispuesto a morir por Jehová; ¡y lo derribará con una ceguera! Saulo tuvo que ser humillado delante del mundo, llevado de la mano como un niño, esperando, sin ayuda alguna, durante días, hasta que Dios se moviera. ¡Él fue humillado hasta el punto de la dependencia total!


Por David Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero

viernes, 10 de noviembre de 2023







 

El Señor sabe

 “Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 Pedro 2:9).


El Señor sabe muchas cosas. En este texto el apóstol Pedro está hablando de dos cosas en concreto que sabe hacer. Sabe sacar a los buenos de un sitio malo, para que no se hagan daño, es decir, sabe protegerlos, como sacó a Lot de Sodoma y Gomorra antes de que fuesen destruidas. Y el inverso es también cierto. Sabe meter a los malos en un sitio donde ya no pueden hacer más daño. El ejemplo que pone el apóstol de este último es lo que Dios hizo con los ángeles que causaron tantos problemas casándose con mujeres humanos en tiempos de Noé (Gen. 6:1, 2). Hicieron mucho daño. Para que no hiciesen más, Dios “los arrojo al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio” (v. 4). Los quitó de en medio. Dios sabe quitar a la gente mala de en medio. También sabe sacar la gente buena de un sitio malo. Mueve a las personas. En este caso, fue a pesar suyo. Lot no estaba muy dispuesto a moverse. Los ángeles le cogieron por la mano, uno a un lado, y otro al otro, y le sacaron de la ciudad que iba a ser destruida, y esto, a pesar suyo. Lo mismo es cierto en el caso de los ángeles. Tampoco querían moverse. No querían ser arrojados al infierno, o mejor dicho, al Tártaro, porque el infierno no recibe gente hasta el juicio final. El Tártaro es el lugar de los malvados muertos, donde tienen que esperar hasta el día del juicio, sin poder tentar ni dañar a nadie más.


Pedro está dando estas palabras de consuelo a gente que está siendo muy zarandeada por falsos maestros. Éstos son difíciles de identificar de entrada. Suelen ser personas encantadoras con picos de oro que saben manipular y convencer y salirse con la suya. Son muy peligrosos. Engañan a muchos. Se quedan con su dinero. Los dejan emocionalmente dañados. Se les identifica porque suelen tener un testimonio turbio por caer en pecados sexuales y suelen tener mucho interés en conseguir dinero de la gente: “Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (v. 2, 3).


Los lectores de la epístola de Pedro necesitaban este consuelo, porque ellos eran piadosos y estaban siendo tentados a creer las mentiras de los falsos maestros. Estaban siendo las victimas del engaño. Pues, Pedro les dice que Dios sabe protegerles de estos falsos maestros, o falsos pastores, o líderes de sectas, o de movimientos que pretenden ser cristianos, pero no lo son. La persona es inocente; crédula quizás, y presa de esos falsos maestros que usan la Palabra de Dios para su propio provecho. Pues Dios sabe protegerlos. Esto es un consuelo muy grande. Puede ser que tú ya hayas visto la luz. Has salido, pero otros hermanos tuyos todavía no. Estás preocupado por ellos. No sabes cómo sacarlos de allí. Pero Dios sabe. Sabe sacarlos. Sabe protegerlos de la tentación. Sabe abrir sus ojos y guardarlos. Y sabe qué hacer con los falsos maestros. Parece que ellos se quedarán allí para siempre, enriqueciéndose de los inocentes, cometiendo pecados de todas clases, incluyendo los más vergonzosos. Parece que no hay nada que hacer para quitarles de en medio, pero Dios sí que sabe cómo hacerlo. Si pudo quitar a los ángeles malos y meterlos en prisiones de donde no podían escapar para seguir haciendo estragos, sabe quitar a falsos maestros del púlpito y guardarlos en un lugar donde no pueden hacer más daño hasta el día del juicio cuando recibirán lo que sus acciones merecen.


Así que, consuélate con lo que dice Pedro en medio de una situación muy complicada para la cual no hay solución humana previsible. Pero está la divina. Dios sabe quitar a la gente mala de en medio y sabe proteger a los piadosos. Y esto es lo que hará en tu situación. Alabado sea.


Enviador por el Hno. Mario Caballero

jueves, 9 de noviembre de 2023







 

Amor y advertencia

 “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham;  murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno” (Lu. 16: 22, 23).


Jesús fue el hombre más amoroso del mundo. ¿Cómo, pues, podía contar tal historia acerca de tormenta y llamas? Nos avergüenza de Él. ¿Cómo va nadie a ser atraído al evangelio con una historia como esta? Más bien les aleja de Dios. Es de mal gusto. No se hablan de estas cosas. La manera de ganar a la gente es contarles del amor de Dios y cómo les ayuda en sus problemas, cómo los cuida como el pastor a sus ovejas. En esta historia ni siquiera cuidó de Lázaro. Lo dejó para que muriese de miseria. Claro, fue confortado en la próxima vida, pero aquella está muy lejos y necesitamos tener nuestras necesidades atendidas ahora. ¿Qué pasa con la promesa que Dios suplirá todas nuestras necesidades? ¿Por qué no trató la parábola de cómo Jesús sanó a Lázaro y le ayudó a rehacer su vida? No tuvo amigos, ni familia, ni nadie para atenderle, ni Dios le ayudó. ¿Cómo puede una historia con un final tan macabro de un rico en tormenta ayudar a nadie a ser salvo?


El evangelio que Jesús predicaba no era atractivo a la persona satisfecha con su vida; desconcertaba. Tira abajo nuestros esquemas. Pensamos que vamos bien, y el Señor nos escandaliza con un pronóstico terrible para sacudirnos de nuestra comodidad. El suyo es el evangelio de compasión en el sentido más pleno de la palabra. Es avisar a la gente para que no vayan a aquel lugar de tormenta. Esto es justo lo que pedía el hombre rico: “Entonces le dijo: te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán” (v. 27, 28, 30). Jesús es la respuesta a esta petición. Él es el hombre que ha venido de los muertos para que la gente se arrepienta. El evangelio es el aviso de que Cristo ha muerto y resucitado y explica lo que pasa si uno no cree. Cuando vino de la muerte dijo esto: “Fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día, y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados” (Lu. 24:46, 47). Si no hay tal arrepentimiento (y esta es la parte que solemos omitir en nuestra presentación del evangelio), hay un lugar de tormento donde uno está en agonía en las llamas, y no hay forma de pasar de un lado al otro.


Jesús no se entretuvo hablando de las maravillas que Lázaro encontró cuando abrió los ojos en el Paraíso, sino más bien en la experiencia espeluznante del rico cuando se encontró en tormenta, y en sus remordimientos. ¿Por qué? Porque esto es lo que conduce a la salvación. Si amamos, hay que avisar, y nadie amaba más que Jesús. 


Enviado por el Hno. Mario Caballero


miércoles, 8 de noviembre de 2023




 

Una salvación tan grande

 “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:1-3)


La ley que Dios entregó al hombre “era firme”. Sin embargo, esto parece una paradoja. Si esta ley era imposible de guardar para cualquier persona, ¿como no podía ser firme? En primer lugar, la ley nunca fue destinada a ser el medio de nuestra salvación; sino que estaba destinada a mostrarnos nuestra necesidad de salvación. Y la firmeza de la ley hizo esto. Sin embargo, una y otra vez la Escritura revela cómo el hombre falló miserablemente en guardar la ley de Dios.


Nota algo más en este pasaje. Una vez más, el escritor usa la palabra “grande” para describir lo que Jesús ha hecho. Cristo ha hecho un pacto perfecto con el Padre, uno que trabaja para asegurar “una salvación tan grande” (2:3). ¡Hablando de algo firme! El regalo de la salvación de Cristo nos libera de la ley del pecado y de la muerte y está diseñado para obrar en nuestras vidas. Es más, el nuevo pacto de la gracia es el poder de Dios obrando en nuestras vidas. Nos da el poder para seguir Sus mandamientos con Su fuerza, no la nuestra. “testificando Dios juntamente con ellos, con…repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (2:4).


Con un regalo tan grande de salvación, ¿por qué alguien iba a descuidarlo? He aquí el por qué: Estamos condicionados a responder a las leyes con las obras. Incluso en el ámbito de la fe, tenemos la tendencia a reincidir en hacer obras. Podemos estar de acuerdo mentalmente en que somos salvos por la gracia, pero en el fondo muchos de nosotros todavía creemos que las obras son la manera de asegurar las bendiciones de Dios.


Nuestras mentes están condicionadas desde la infancia a reincidir en guardar la ley cada vez que fallamos. Hay reglas básicas en cada hogar: limpiar la habitación; ayudar a despejar la mesa de la cena. Es un acuerdo condicional basado en premios y castigos, y la mayoría de los padres lo utilizan para mantener su cordura.


Este sistema puede funcionar bien en la vida familiar, pero no en la vida del Reino. Sin embargo, ya que la mayoría de nosotros crecimos de esta manera, años más tarde seguimos viendo la vida a través de esta lente. Siempre que fallamos en algo, nuestro reflejo es reincidir en hacer obras.


Las obras nunca pueden lograr lo que sólo la cruz puede proporcionar, ni pueden añadir un solo grado de santidad a nuestras vidas. Obras que son verdaderamente santas son el resultado de la gracia de Dios. Son lo que hacemos en gratitud, alegría y fidelidad porque nos ha sido proporcionada “una salvación tan grande.”


Por Gary Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero

martes, 7 de noviembre de 2023







 

Amando a Jesús

 ¡Jesús sabe lo que se siente ser traicionado! Él fue paciente y misericordioso mientras Su amada Israel le estaba siendo infiel a lo largo de toda la historia, cometiendo adulterio espiritual vez tras vez. El corazón de Jesús está buscando una esposa fiel. Él anhela un pueblo que tenga ojos sólo para Él y que no deje que nadie se meta en el medio.


¿Qué es lo que le da alegría a una esposa o un esposo? Es la fidelidad, la capacidad de mirarse a los ojos y ver confianza. ¡Sin mentiras ni secretos! Lo mismo debe ser para con nuestra relación con Jesús «Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias» (Proverbios 31:10-11). ¿Puede Jesús mirar dentro de nuestros corazones y confiar en nosotros con seguridad?


Conozco a una congregación de hermanas que pasan horas, tan sólo «amando a Jesús». Ellas se arrepienten por la infidelidad de la novia infiel de Jesús. Ellas tratan de llenar Su corazón adolorido, intentar llenar la falta de amor y hablan de “Su dolor”. Es cierto que a Jesús le debe doler cuando tan pocos le aman. Mi corazón se quebranta y oro entre lágrimas: «Oh Jesús, ¡cuán infiel te he sido a lo largo de los años, cuán a menudo las cosas de este mundo tomaron mi corazón! He ido tras automóviles, antigüedades, deportes. Han habido momentos en los que amaba los elogios del hombre, tiempos en los que he deseado cosas y he dedicado mi tiempo a otros intereses». La Palabra de Dios dice: «Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él» (1 Juan 2:15).


Jesús hizo una pregunta muy provocadora: «Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?» (Lucas 18:8). La palabra «fe» en griego, significa «confianza en…y fidelidad a…» ¡A Él! Él profetizó sobre una gran apostasía, tal que aun los escogidos serían grandemente tentados. Tantos creyentes caerán y seguirán la lujuria y los placeres de este mundo. Mi clamor es: «¡Oh Señor, atráeme a ti; déjame ser alguien en quien Tú puedas confiar; permíteme amarte sin reservas; dame un amor puro, santo y sin mezcla por Ti!»


Por David Wilkerson

Enviado por el Hno. Mario Caballero