lunes, 26 de diciembre de 2016

Relación personal con Dios

Relación personal con Dios

Leer | SALMO 63.1-11
Para algunos cristianos, es bastante sencillo darse cuenta cuando alguien trata de llenar con cosas equivocadas el vacío que tienen de Dios en sus vidas. Sin embargo, les resulta difícil ver ese mismo error en sus vidas redimidas. Muy fácilmente ponemos manos a la obra para Dios —sirviendo, enseñando, predicando y yendo al campo misionero. Ninguna de estas cosas son malas; de hecho, todas son buenas. Pero muchas veces son un intento equivocado de crear una sensación falsa de intimidad con Dios.

¿Por qué escoge un creyente tener una cercanía artificial con el Señor, si lo que Él quiere es dar a sus hijos lo auténtico? Por dos razones: Primero, porque para recibir su gracia es necesario que nos hagamos vulnerables y seamos humildes. No hay nada que podamos darle o hacer para el Señor que nos limpie de pecado. Segundo, porque para que una relación amistosa sea buena se requiere de trabajo arduo, y eso también se aplica a nuestra relación con Dios.
Para conocer realmente al Señor, usted tiene que leer la Biblia. No puede mantener una estrecha relación con el Padre celestial si no hace caso a sus preceptos. Usted debe, por tanto, llenar su mente con las cosas divinas y renunciar a las influencias mundanas. Además, una vida de oración es fundamental para relacionarnos con Dios. Estas cosas no suceden por casualidad, sino que exigen un esfuerzo deliberado.
En pocas palabras, cuando satisfacemos nuestra sed con agua viva, ya no estamos sedientos. Cuando vivimos en comunión con Dios, la tentación por esforzarnos para lograr la santidad con nuestras propias fuerza cesa, permitiendo que nuestro servicio, ofrendas y adoración, glorifiquen sinceramente a Dios.
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viernes, 23 de diciembre de 2016

La primera aparición de Jesús

La primera aparición de Jesús

Algunas situaciones de la Biblia puede parecernos desconcertantes, pero ninguna de ellas fue una mera casualidad. Dios, quien conoce todas las cosas y lo ve todo, de principio a fin, estuvo trabajando soberanamente en todos los detalles de su plan de redención.
Por ejemplo, puede parecernos extraño que un inoportuno censo del gobierno le causara a María la incomodidad de tener que viajar en su último mes de embarazo. César Augusto pudo haber pensado que este censo fue idea suya, pero la realidad es que él estaba siendo utilizado de forma soberana —era Dios quien estaba llevando a esta familia a Belén, en cumplimiento de la profecía del nacimiento del Mesías. Siglos antes, Miqueas escribió: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (5.2).
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No solo el viaje fue difícil, sino que después que José y María llegaron a Belén, el único alojamiento que pudieron encontrar era poco agradable. Un establo con un pesebre como la cuna del bebé, no era lo que pensaríamos digno de un Rey. Pero el Padre celestial tenía un propósito en mente para eso, también. Quiso que el Cordero de Dios naciera en un ambiente humilde, junto a otros corderos.
¿Qué circunstancias difíciles está usted o un ser querido enfrentando? ¿Se pregunta por qué Dios las está permitiendo? Tenga la seguridad de que el Padre celestial lo ve todo y tiene un buen propósito más allá de lo que nuestras mentes finitas pueden comprender.
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martes, 20 de diciembre de 2016

Orar en el nombre de Jesús

Orar en el nombre de Jesús




Poco antes de su crucifixión, Jesús dijo a sus seguidores que oraran en su nombre; en otras palabras, que pidieran conforme a su voluntad. Señaló que la oración hecha así tiene poder: “Así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre” (Jn 15.16 NVI). La oración en el nombre de Cristo significa que estamos declarando que tenemos…
  • Asociación con el Salvador. Lo que hace posible que nos acerquemos a Dios mediante la oración, es nuestra relación con Jesús. Cuando fuimos salvos, pasamos de ser extraños y extranjeros, a hijos de Dios (Ef 2.19). Nuestro Creador se ha convertido en nuestro Padre celestial; y Él escucha nuestras peticiones porque hemos pasado a ser miembros de su familia por la obra redentora de su Hijo. La presencia del Espíritu de Cristo demuestra que somos suyos.
  • Acceso al Padre celestial. La muerte de Jesús nos abrió el camino para tener entrada inmediata a la presencia del Padre. Cuando Jesús consumó su obra al hacer el sacrificio sacerdotal final (He 10.14), el velo del templo, que impedía al hombre penetrar en el Lugar Santísimo, se rasgó en dos (Mr 15.38). Esto simbolizó la verdad espiritual de que ahora todos los que creen en Dios tienen acceso a Él. Por medio del Espíritu Santo, tenemos el derecho de hablar con Dios directamente, sin ningún intermediario humano (Ef 2.18).
Jesucristo pagó en su totalidad el castigo por nuestros pecados al morir en la cruz. El aceptar su muerte expiatoria a favor nuestro, significa que tenemos ahora una nueva relación familiar y libre acceso al Padre celestial. ¡Detengámonos ya, y demos gracias a Dios por el increíble privilegio de la oración!

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lunes, 19 de diciembre de 2016

Perdonar o culpar

Perdonar o culpar

Leer | COLOSENSES 3.12-17

Decir: “La culpa no es mía”, es una actitud generalizada hoy día. Para evitar la responsabilidad por sus actos, las personas culpan a otros: “No le gritaría tanto a mis hijos, si mi madre me hubiera amado más”, o “No hablaría mal de mi jefe, si él me demostrara respeto”. El resentimiento crece hasta que la víctima se ciega a todo, menos a cómo su vida ha sido afectada por las acciones de otra persona. Entonces culpar a otros es fácil. Pero Dios nos manda perdonar a quienes nos hieran.


El Padrenuestro menciona varias de las responsabilidades de Dios para con nosotros, pero solo una de los creyentes: perdonar a los deudores (Mt 6.12). La alusión a la deuda describe bien al pecado. Una persona que ha sido agraviada, siente usualmente que la parte responsable le debe una disculpa o desagravio. Pero al mostrar misericordia a alguien que ha pecado, usted pone un sello de “cancelado totalmente” a su deuda. Ya no se requiere ninguna compensación o retribución.

A veces, nuestras heridas son tan profundas que el perdón no viene fácilmente. Recuerde que Jesús lleva las cicatrices de los pecados de otros, también, y que su Espíritu Santo capacita a los creyentes para cumplir con esta difícil tarea. Aunque es posible que su deudor no haya hecho nada para merecer misericordia, decida dársela de todos modos, así como Jesús la tuvo con usted.
Cuando Dios perdona, nunca más se acuerda de nuestros pecados (Jer 31.34). Esto no significa que ellos nunca ocurrieron, sino que el Señor se niega a utilizarlos como una razón para castigarnos. Él estableció el patrón en cuanto a la eliminación de la deuda, y nosotros debemos seguir su ejemplo (Mt 6.15).

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viernes, 16 de diciembre de 2016

El plan misericordioso del Señor

El plan misericordioso del Señor

Leer | 2 PEDRO 3.9

En el Nuevo Testamento, vemos que el llamado de Dios a la salvación a toda la humanidad se repite varias veces (Jn 1.12; 3.16; 6.40; 2 P 3.9). Pero cada uno de nosotros tiene que tomar la decisión personal de responderle o no.


Dios quiere que la humanidad sea salva, por varias razones. Primero, porque Él nos ama (Ef 2.4). Nos ama porque es parte de su naturaleza amar y cuidar a su creación, y no por ningún mérito de nuestra parte. Segundo, porque su gracia se ve claramente en sus seguidores (v. 7). Creyentes que una vez fueron rebeldes, son ahora siervos obedientes —tal trasformación Él la quiere festejar por toda la eternidad. Además, nuestras buenas obras glorifican al Señor (Mt 5.16). Todo lo que hacemos en su nombre, ayuda a que otros lo conozcan.

La salvación solamente es posible por medio de Cristo, quien reconcilia a los pecadores con un Dios santo. Isaías 53.6 dice que todos somos pecadores, y Romanos 6.23 añade: “La paga del pecado es muerte”. Sin una solución divina, estaríamos endeudados y sin esperanzas. Pero la muerte del Salvador en la cruz a favor de toda la humanidad pagó la pena, y por eso cualquier persona puede tener una relación con el Padre celestial. Creer que Cristo murió por nuestros pecados y someternos a la voluntad del Señor, es todo lo que necesitamos para iniciar un compañerismo eterno con Él.
Nuestro Padre celestial nos ama, y quiere estar con nosotros para siempre. Lo único capaz de separarnos de Él es la decisión de rechazar su invitación. Una vez que recibimos a su Hijo como Salvador, pertenecemos a Dios, y ningún defecto en nuestro carácter podrá destruir nuestra eterna relación con Él.

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jueves, 15 de diciembre de 2016

Victoria en los altibajos de la vida

Victoria en los altibajos de la vida


Leer | FILIPENSES 4.10-13

¿Ha escuchado usted alguna vez el testimonio de un creyente que experimentó una tragedia terrible? Tendemos a estar muy atentos a esos relatos, porque la persona involucrada ha sido testigo de primera mano de la fidelidad y el poder de Dios de restaurar una vida golpeada.

De todos los testigos de la gracia de Dios en tiempos de dificultades, ninguno es más impresionante que el apóstol Pablo. Él supo lo que eran los sufrimientos. Durante todo su ministerio fue perseguido, golpeado, apedreado, arrestado, sufrió naufragios y fue acusado de herejía tanto por los líderes judíos como por el gobierno romano. Todo esto contrastó inmensamente con su pasado, en el que disfrutó de los lujos y las oportunidades que le dieron su ciudadanía romana y su educación en el judaísmo.
En la vida de Pablo hubo altibajos increíbles. Como resultado, se ganó el derecho de proclamar lo que dice Filipenses 4.12: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia”.

¿Qué lección aprendió el apóstol como resultado de estas experiencias? Él nos dice en el versículo 12: “En todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”.

El “secreto” de Pablo no es un secreto en absoluto, porque él revela la fuente de su fortaleza en el versículo que sigue: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. La fe en Jesucristo y una dependencia cada vez mayor de Él, harán que esta fuente de poder ilimitado sea una realidad en la vida de usted.

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lunes, 12 de diciembre de 2016

La manera en que Dios ve al incrédulo

La manera en que Dios ve al incrédulo


La Palabra de Dios siempre es verdadera, pero no siempre es popular. El mensaje del evangelio puede ser incómodo de escuchar cuando contradice el punto de vista del mundo, y puede dar lugar a objeciones y confrontaciones. Necesitamos conocer la verdad bíblica y la verdad de que Dios ve a los incrédulos como…


Muertos en sus delitos y pecados (Ef 2.1). La muerte espiritual vino a todas las generaciones a través del “primer Adán” (Ro 5.12); la vida espiritual existe solamente por medio de Jesús, el “último Adán” (1 Co 15.45 TLA).

Incapaces de comprender (1 Co 2.14). Quienes están muertos espiritualmente, no pueden entender las cosas de Dios pues carecen del Espíritu Santo.

Extraños a la familia de Dios (Jn 1.12) Espiritualmente, solo hay dos familias en el mundo: la de Dios y la de Satanás (Jn 8.44). La persona nace en la familia de Dios —o “nace de nuevo”— cuando pone su fe en el sacrificio de Cristo, y lo recibe a Él como Salvador.

Hijos de ira (Ef 2.3). Los incrédulos, aunque sean buenos y amorosos, están bajo condenación. Se debe una deuda por el pecado (Ro 6.23), y ésta no puede pagarse con ningún acto de servicio. Jesús la pagó por nosotros, y solo confiando en su sacrificio expiatorio podemos escapar de la ira de Dios.
Los incrédulos están en grave peligro, pero la mayoría no se da cuenta.

La buena noticia es que la oferta de Dios de salvación por medio de Cristo sigue estando disponible. ¿Ha buscado usted aferrarse a la mano de su Salvador? Si su respuesta es sí, ¿está dirigiendo la atención de otros hacia Aquel que quiere salvarlos?


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viernes, 9 de diciembre de 2016

Nuevas de gran gozo

Nuevas de gran gozo

Leer | Miqueas 5.2

La Sagrada Escritura hebrea —o sea, el Antiguo Testamento— tenía muchas profecías en cuanto al Mesías que vendría. Su nacimiento sería “nuevas de gran gozo”, así como lo había proclamado el ángel (Lc 2.10). El Mesías sería…

Un descendiente de Abraham que se sentaría en el trono de David. Hay una buena razón por la que tanto Mateo como Lucas trazan cuidadosamente la genealogía de Jesús (Mt 1.1-17; Lc 3.23-38): el linaje del Mesías era importante. Dios había prometido que todas las naciones serían bendecidas por medio de la familia de Abraham (Gn 22.18), e Isaías profetizó que el Cristo reinaría para siempre en el trono de David (Is 9.7). Los escritores de los evangelios demostraron que Jesús tenía ascendencia directa de ambos hombres.



Un hombre nacido en Belén, proveniente de Egipto. El lugar de origen del Mesías debió haber causado confusión. Aunque su lugar de nacimiento profetizado era Belén, se esperaba que viniera de Egipto (Mi 5.2; Os 11.1). Sabemos que un censo trajo a María y a José de Nazaret a Belén, justo a tiempo para la llegada del niño Cristo. Y el Evangelio de Mateo explica el resto del misterio: la familia había huido a Egipto para evitar el arrebato de cólera de Herodes (Mt 2.13).
Dios fue específico al describir al Mesías, porque quería que el pueblo reconociera al Ungido y se regocijara por su venida. Eso fue exactamente lo que sucedió cuando el Rey de reyes entró en Jerusalén montado sobre un asno (profecía: Zac 9.9; cumplimiento: Jn 12.12-15). Jesús es el Mesías prometido, y esto es verdaderamente una gran noticia y un motivo para regocijarse.
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jueves, 8 de diciembre de 2016

Todo es importante para Dios

Todo es importante para Dios

Leer | Colosenses 4.7-18

Los últimos versículos de Colosenses parecen tener poca importancia teológica. La mayoría de los nombres de la lista, con excepción de los de Lucas y Marcos, son poco conocidos. Pudiéramos fácilmente saltar estos versículos y pasar a 1 Tesalonicenses. Pero las palabras finales de Pablo a los colosenses contienen el sutil mensaje de que ningún servicio es poco importante.

No es difícil reconocer el maravilloso aporte de Pablo —gran parte del Nuevo Testamento está constituido por sus epístolas inspiradas divinamente. Las personas mencionadas en su misiva a los colosenses parecen insignificantes en comparación, pero el apóstol las consideraba importantes a todas para incluirlas. Por ejemplo, Tíquico, el primer mencionado, tuvo un gran papel —dondequiera que aparece en la Biblia, está haciendo alguna diligencia para Pablo (Hch 20.4; Ef 6.21; 2 Ti 4.12).
Gracias a este hombre, la epístola a los Colosenses viajó casi 1.300 km a su destino, y luego pasó de iglesia a iglesia para ser leída una y otra vez, y copiada. El trabajo de Tíquico fue importante para la difusión del evangelio; sin su ayuda no habría sido posible que los creyentes de hoy tuviéramos esta valiosa carta.


Tendemos a juzgar los tipos de servicios como importantes o poco importantes, y muy a menudo el orgullo nos impide reconocerlo. Queremos un trabajo grande, impresionante, para demostrar a todos lo mucho que amamos al Señor. Pero Dios quiere que nuestro amor al Señor nos motive a hacer cualquier cosa que Él nos pida, no importa cuán insignificante o poco notorio pueda parecer.

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lunes, 5 de diciembre de 2016

Cuando el Espíritu de Dios tiene el control

Cuando el Espíritu de Dios tiene el control

Leer | 1 Santiago 1.2-4

Una persona llena del Espíritu no está libre de problemas. Los que están bajo el control del Espíritu Santo seguirán cometiendo errores, teniendo dificultades y pecando. Pero hay dos características que distinguen a los seguidores de Cristo de los no creyentes.

Primero, no son controlados por sus circunstancias; segundo, recobran el enfoque después de haber pecado.


Cuando el Espíritu Santo tiene el control, nuestra actitud no dependerá de lo que ocurra a nuestro alrededor. En otras palabras, la vida no tiene que estar libre de preocupaciones para que tengamos paz; nuestro gozo espiritual no disminuirá aunque enfrentemos reveses.
Cualquier persona puede ser cariñosa, amable y estar serena en tiempos
de bendición. Pero ¿qué sucede con nuestra actitud en momentos de dificultad? Quiénes somos se evidencia, no cuando las cosas salen como queremos, sino en los momentos difíciles. Si el Espíritu Santo tiene el control, aprenderemos a amar cuando quisiéramos odiar; a ser bondadosos cuando seamos acusados; a responder con gentileza cuando los demás sean crueles; y a tener dominio propio cuando seamos tentados.

Ninguno de nosotros hará todo esto a la perfección porque todavía vivimos con el ego interior. Pero cuando pequemos, responderemos con rapidez a las indicaciones del Espíritu. Él no tendrá que esforzarse para captar nuestra atención, pues estaremos bajo su autoridad. Reconoceremos el mal que hicimos, lo confesaremos, y nos reenfocaremos en lo que Dios dice.

Si usted es un seguidor de Cristo, ¿quién tiene el control de su vida?

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viernes, 2 de diciembre de 2016

¿Se alimenta usted con la Palabra de Dios?

¿Se alimenta usted con la Palabra de Dios?

Leer | ROMANOS 1.16, 17

Las tormentas con relámpagos me cautivan; son un despliegue del maravilloso poder de Dios. Pero aun más maravilloso es algo que Él nos ha confiado: el evangelio.
Esta palabra proviene de euangélion, que significa en griego “buenas noticias”. La salvación en Cristo es realmente una buena noticia, porque aunque el pecado reina en el corazón del hombre, Dios puede derrotar las tinieblas y redimir nuestras almas.

Este es el mensaje de la Biblia, desde la creación hasta la eternidad. En Génesis, vemos el amor de Dios para con el hombre, pero también nos muestra cómo el corazón del Señor fue destrozado cuando el pecado entró en la humanidad por medio de Adán y Eva. Estábamos perdidos hasta que Jesús tomó nuestros pecados sobre sí mismo. Como nuestro sustituto en la cruz, Él soportó la pena que merecíamos y venció a la muerte con su resurrección.

Piense en el poder del evangelio. La Palabra de Dios no es simplemente tinta en un papel; ella está viva y activa, y es más cortante que una espada (He 4.12), con poder para transformar a cualquier persona.


Piense en lo que es capaz de hacer la verdad divina: puede romper las cadenas del pecado, poner fin a la ansiedad y cambiar los corazones. También nos guía a la sabiduría y a tomar decisiones que dan vida. Tenemos acceso al mensaje más poderoso que existe.

¿Cuál es su respuesta al evangelio? El Señor nos dice que debemos meditar en la Palabra de Dios cada día y obedecerla con alegría, ya que es la fuente de vida para nuestras almas. También nos dice que compartamos la maravillosa noticia de la salvación con un mundo sufriente y perdido.

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jueves, 1 de diciembre de 2016

Descubrir la voluntad de Dios

Descubrir la voluntad de Dios

Leer | SALMO 119.105,106

La vida está llena tanto de pequeñas como grandes decisiones. Incluir a Dios en las decisiones que tomamos es el modo de proceder más sabio. Cuando memorizamos un pasaje de la Biblia el Espíritu Santo lo usa para ayudarnos a descubrir la voluntad de Dios.



El método que he encontrado beneficioso al tomar decisiones, puede también ayudarle con sus finanzas, relaciones interpersonales, salud, empleo u otros aspectos importantes. El primer paso consiste en evaluar nuestro corazón, mente y voluntad. Para recibir la dirección del Señor, necesitamos tener un corazón limpio, una mente pura y una voluntad entregada. Los hábitos pecaminosos pueden nublarnos el pensamiento e impedir que entendamos el plan de Dios. Confesar nuestros pecados y apartarnos de ellos trae limpieza y claridad de mente (1 Jn 1.9). Necesitamos renunciar a nuestros deseos y comprometernos con el plan de Dios.

El segundo paso es esperar pacientemente en el Señor por su respuesta. Se necesita valentía para mantenerse firme, especialmente cuando otros nos dicen lo que creen que deberíamos hacer. Nuestras emociones pueden estar empujándonos a actuar, pero debemos evitar el adelantarnos a Dios. Ser pacientes significa confiar en el Señor mientras esperamos conocer su respuesta y descubrir su tiempo perfecto.

Discernir el plan de Dios requiere preparación de nuestro corazón, mente y voluntad. Durante nuestro tiempo de espera, debemos obedecer su voluntad —ser siervos fieles, amarlo con todo nuestro corazón y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt 22.37-39).

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