jueves, 25 de febrero de 2016

¿Desestabilizada?

¿DESESTABILIZADA?


“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:7).
            Si el enemigo de nuestras almas nos puede desestabilizar, de momento ha conseguido la victoria sobre nosotras. Si puede conseguir que estemos tan preocupadas que no podemos dormir, o que hablemos y hablemos del asunto “x”, o que no dejemos de dar vueltas sobre lo mismo, o que estemos tristes, de mal humor, irritables y siempre pensando en el problema sin poder concentrarnos en otras cosas, el enemigo nos ha rendido inservibles para el Señor, y continuaremos así hasta no volver a nuestro lugar de descanso y confianza en Él. ¿Cómo estás emocionalmente en estos mementos? ¿Atrapada o libre? ¿Obsesionada con tu problema, o alabando a Dios por la victoria que tienes en Él?
Nuestros problemas son reales y serios: el tutor ha interrogado a tu nieto quien informa sobre las actividades de sus padres y abuelos; es el tutor quien instruye a los abuelos en cuanto cómo tienen que educar al niño. ¡Aberrante! ¿Dónde vamos a parar? A los abuelos se les dicen que no leen la Biblia al niño. ¡Inaudito! Llévalo al Señor en oración. O puede ser que los padres no permitan que los abuelos lleven a los niños a la iglesia. ¿Qué vas a hacer? ¿Ponerte alterada y nerviosa, o llevarlo al Señor en oración? Si estas cosas logran desestabilizarnos, el enemigo nos deja fuera de servicio en cuanto a Dios. O estás sin suficientes ingresos para vivir. Vas comiendo, pero no sabes cómo esto se va a resolver. O puedes estar preocupada por la salud de tu nieto, por su educación espiritual, por sus estudios en el colegio, o por el matrimonio de sus padres. O tienes seres queridos muy lejos y tienes muchas ganas de verlos. Sea lo que sea, no dejes que te desestabilice; llévalo al Señor en oración y tendrás paz.  
El que escribió el versículo de arriba estaba en una situación malísima, injustamente encarcelado, pero estaba libre por dentro, regocijándose en el Señor. Él mismo nos enseña que la ascendencia sobre el enemigo se logra por medio de la oración cuando echamos nuestra ansiedad sobre Él: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de  Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Fil 4:6), y el resultado es la paz de Dios en lo más profundo de tu ser, una mente libre para pensar en otras cosas, salud en el cuerpo, y un corazón alegre que hermosea el rostro. Vamos a cantar:
Puedo confiar en el Señor, que me va a guiar;
Puedo confiar en el Señor, que no a fallar.
Si el sol llegara a oscurecer y no diera su luz,
Yo igual confío en el Señor, que no a fallar.
Puedo descansar, y seguro estar,
Que a su mansión, Cristo me guiará.
Si el sol llegará a oscurecer y no diera su luz,
Yo igual confío en el Señor, que no va a fallar.
Enviado Hno. Mario