miércoles, 20 de enero de 2016

Orad por los que os ultrajan

ORAD POR LOS QUE OS ULTRAJAN
 
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan” (Mat. 5:44).
Si has sufrido abuso, acoso, o malos tratos de parte de una persona en autoridad sobre ti (alguien que tenía que cuidarte, instruirte y velar por ti, como un padre, o un pastor o un profesor), tienes un dolor muy intenso y personal que puede durar años y causar grandes estragos en tu vida. ¿Cómo puedes superar este sufrimiento y no arrastrarlo hasta la tumba, dejando que amargue tu vida? Vamos a dar unas sugerencias que esperamos que sean de ayuda.
El versículo que tenemos por delante nos dice que hemos de orar por ellos. No es cuestión de orar diciéndole al Señor lo malos que son. Acusar delante de Dios es obra del diablo y no queremos ser imitadores de él. No vamos a pedir a Dios que haga caer fuego del cielo sobre su cabeza. La venganza no es del Espíritu de Cristo. Tampoco vamos a orar desde la culpa. Es un viejo truco del enemigo hacernos sentir culpabilidad cuando otra persona nos ha faltado. No vamos a rogar a un abusador que nos perdone. No somos culpables, a no ser que le odiemos, y, si es así, esto lo confesamos a Dios, no a él.
Para que nuestra oración sea eficaz, tenemos que cumplir con los requisitos de la promesa de Jesús: “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). Uno no puede estar permaneciendo en Cristo si está permaneciendo en su herida. Si la herida te ocupa el pensamiento y el dolor te aparta de Cristo y te lleva a obsesionarte con el causante de tu daño, ya no estás centrado en Cristo, sino en tu mal. Si la herida te mueve a actuar, hablar y pensar, y si su desconsuelo te bloquea, pon en práctica Mat. 5:44 concienzudamente y poco a poco saldrás de tu dolor.
Cuando la palabra de Dios está permaneciendo en nosotros, oramos según la Palabra. ¿Cómo oró Jesús por sus enemigos? “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. “Habiendo él… orado por los transgresores” (Is. 53:12). No oró para que se condenasen, sino para que fuesen salvos. Llevó sus pecados, como si fuesen Suyos, en la cruz. Esta obra está hecha, nosotros no podemos llevar sus pecados, pero sí podemos hacer algo muy parecido. Podemos confesar sus pecados como si fuesen los nuestros, como hacían los profetas que intercedían por su pueblo pecaminoso. Daniel intercedió orando: “Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus ordenanzas” (Daniel 9:5). De igual manera puedes ponerte delante de Dios a interceder a favor de esta persona que tanto mal te ha hecho y confesar sus pecados, uno por uno, como si fuesen tuyos, y pedir que Dios le perdone.
Da gracias a Dios por todo lo bueno de esta persona. Luego bendecirle (Mat. 5:44). Pide que Dios le bendiga, que sea un instrumento útil en sus manos y que lleve mucho fruto para la gloria de Dios. ¡Verás cómo Dios contesta esta oración ofrecida en el verdadero Espíritu de Cristo!

Enviado Hno. Mario